A raiz del caso de un señor que deambula por las calles de Baní y cuya condición de salud es delicada a tal punto de que ambas piernas han tenido que ser intervenidas por el personal de salud del hospital Nuestra Señora de Regla, dirigido por el doctor José Lara, de quien todos reconocemos su vocación de servicio, el mismo director de este centro asistencial, ha emitido una voz de alerta para que este segmento desvalido y desprotegido de la poblacion sea tomado en cuenta. Aquí sus declaraciones👇
Se trata de un señor, aparentemente en condiciones de abandono familiar, con problemas de salud física y mental a quien en una ocasión hubo que amputàrsele una pierna.
Habla el doctor Lara de la necesidad de contar con apoyo para estas personas, más allá de las atenciones mèdicas, ( lo que se puede traducir en un centro o albergue, una fundación, con manos solidarias, que proporcionen abrigo, cuido, tratamiento y alimentación), para estos seres humanos, que se encuentran en condiciones infrahumanas y a la intemperie, pasando todo tipo de necesidades.
A este señor, al que nos referimos hoy en particular, conforme las declaraciones del doctor José Lara, ya se le habia amputado una pierna y producto al estado en el que vive el señor, «la otra pierna terminó con Miasis y Necrosis», lo que ameritó de una nueva intervención por parte del personal de salud del hospital local, el que a su vez fue requerido por la dirección provincial de Salud Pública, institución esta, que habia sido notificada de la situación por ciudadanos preocupados.
El hospital no puede asumir esta responsabilidad, ha dicho su director y nosotros coincidimos, por el simple hecho de que la naturaleza de esta institución radica en brindar servicios públicos de salud y nada más. Aunque sí pudiera contar con una «Unidad de Intervención en Crisis» y por esto también abogamos.
Lo cierto es que este es tan solo uno, de muchos indigentes que pululan en Baní. Seres humanos olvidados, tanto por sus familiares, (en algunos casos), como por el Estado y autoridades que parecen ignorar a esos seres, víctimas de la falta de polīticas públicas a través de las cuales el cumplimiento de la «Igualdad», «Salud» «Techo digno», entre otros derechos «fundamentales» que rezan en la Constitución de la Repùblica, se haga efectivo.
Si en Banī o en cualquier otro punto del país, contáramos con un espacio digno destinado para las personas con discapacidad mental y/o los indigentes, «otro gallo cantaría», pero parece que esta es la única obra cuyo presupuesto y sostenibilidad es inalcanzable para el Estado, ya que ni siquiera lo intenta.
Reconocemos que cada dīa son más los casos de enajenados mentales y que seguirá creciendo el nùmero, hasta tanto no se decida enfrentar el tema con responsabilidad, abordando ejes temáticos que deben iniciar con el fomento de la prevención.
La Organización Mundial de la Salud, OMS, reconoce el tema de la «salud mental» como un gran desafio global, sin embargo como parte de sus recomendaciones figura el establecimiento de «iniciativas locales» que ayuden a contrasrrestar el auge de los enfermos mentales.
Y nos preguntamos:
¿Donde están esas iniciativas locales?…
En el seno del Ayuntamiento de Banī reposa una iniciativa cuya propuesta de resolución plantea la necesidad de que a través del gobierno local se establezca «una mesa de diálogo a donde converjan diferentes instituciones tanto pùblicas como privadas y juntos identificar alianzas estratégicas con mira a brindar una respuesta a esta gran necesidad».
Es una deuda social que todos y todas tenemos, no es solo del gobierno central, no solo de las autoridades electas y/o funcionarios pùblicos.
El año 2026 está iniciando y propicia es la ocasión para replantearnos el no seguir dándoles la espalda a quienes más nos necesitan.
Se trata de humanidad y empatía, pues ellos también son seres humanos y nadie, absolutamente nadie está exento.
«Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis los unos a los otros».
Juan 13:34



















