He sido testigo de ataques dirigidos al senador Julito Fulcar que me recuerdan los tiempos en que el querido líder José Francisco Peña Gómez enfrentó injusticias similares. En 1998, en medio de esos embates, él expresó: «Yo amo a mi pueblo, a mi país. A lo largo de toda mi vida he pagado un precio por eso. He recibido ataques feroces, a veces frontales, a veces con veneno más sutil… pero yo los perdono».
Cada ataque revela un rechazo a aceptar un liderazgo comprometido con el desarrollo de nuestra provincia. Julito cuenta con el aprecio de muchos, y me enorgullezco de estar en ese grupo.
Rafael González

























